Si no hay metáforas, me duermo

"la durmiente", de Tamara de Lempicka

«La durmiente», de Tamara de Lempicka

Esta mañana sudé la gota gorda para no bostezar con la bocaza enorme de un hipopótamo. Creí que el conferenciante que peroraba allí en el atril me regalaría un porrón de conocimiento, pero la verdad es que a los diez minutos me quedé involuntariamente sorda. Oía su voz, pero no conseguía escucharle. Y todo por una inflación de literalidad, del torrente de palabras demasiado correctas y descriptivas que salían de aquella garganta tan pulcra y monocorde. Ahora que ya se me ha pasado el sopor, me doy cuenta de que desconecté de lo que el hombre decía porque el muy avaro no tuvo a bien regalarme ni una sola metáfora, ni un solo como si. Aquella cabeza tan pulida como una bola de billar era impermeable a la poesía, a la lluvia fértil que traen consigo las metáforas, esas analogías que, cual bala de cañón, te sacuden las entendederas y las abren en canal.

Yo, si no hay metáforas, me extenúo en una lucha conmigo misma por ser cortés con el que habla. Soy todavía de esos escuchantes a la antigua que se esfuerzan por no bostezar ni rascarse la cabeza ni toquetear desesperadamente todos los botones del móvil.

Yo, si no hay metáforas, me cierro cual flor que echa de menos el sol.

Si no hay metáforas, sospecho que no ha habido elaboración y síntesis, pensamiento propio.

Si no hay metáforas, tengo la impresión de que el conferenciante no es humano sino loro, pajarraco cotorreico que lee a palo seco una colección de citas que citan otras citas que a su vez… O sea, la pescadilla que se muerde la cola.

Las metáforas son las emperatrices de la comunicación. Los comunicólogos más famosos lo son precisamente porque han dado con el hallazgo de una metáfora genial. George Lakoff tituló No pienses en un elefante al libro en el que señala el pecado demócrata de copiar siempre el lenguaje de los republicanos, en lugar de inventar uno propio. Joseph Nye, el gurú del nuevo liderazgo, entronizó sus teorías a partir de dos metáforas: la que distingue entre poder blando y poder suave, y la que afirma que, en este siglo XXI , los verdaderos líderes son aquellos que ven venir la ola del cambio y, en lugar de dejarse noquear por ella, la surfean desde lo más alto de la cresta.

Poca magia nos puede regalar el conferenciante que olvida que entendemos el mundo a través de las metáforas. Las metáforas son la materia prima de todo discurso. Las usan los políticos para hacer como si se fundieran con el público; las emplean los profesores para llevar lo abstracto al terreno de los concreto; las utilizan los economistas para hacernos entender cómo funcionan los modelos de predicción. Nuestro sistema conceptual –sobre todo el económico– se nutre de ellas. A finales de los años ochenta, dos lingüistas llamados Henderson y McCloskey afirmaron que, desde Adam Smith y su mano invisible, el pensamiento económico se estructura a partir de la invención de metáforas. Por ejemplo, en los noventa, antes del euro, existía eso que llamábamos serpiente monetaria europea (SME, formada por las divisas nacionales), y los periodistas estábamos acostumbrados a escribir una y otra vez sobre las fortísimas tormentas que esa serpiente sufría.

Teníamos serpiente y tormentas del mismo modo que la economía de Europa Meridional, en los últimos años, ha sufrido una severa depresión.

¿Qué son los cañonazos, en el fútbol? La metáfora bélica con la que se jalea al advenimiento de un probable gol.

¿Qué es la viralidad de lo cibernético?La versión médica de otra metáfora: de esa que nos hace hablar del mundo del siglo XXI como de una aldea global.

El uso de las metáforas es tan habitual que hemos perdido la capacidad de sorprendernos ante su extrema eficacia retórica. Hasta que, como a mí me ocurrió esta mañana, uno se encuentra con alguien que trata las palabras como ladrillos apilados sin mas, sin el cemento mágico que hace que el lenguaje suelte chispas.

 

Acerca de Esclavitud Rodríguez Barcia

Periodista y escritora, autora de las novelas "Un rumor que no se va" y "Nunca más tu sombra junto a mi". Ha trabajado como consejera técnica en la Secretaría de Estado de Comunicación (España) y formó parte del equipo fundador de Inversor Ediciones. Redactora en prensa económica y creatividad publicitaria. Nació en Vigo en 1961. Es Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y Máster en Comunidades Europeas por la Escuela Diplomática de Madrid.
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