Traedme un higiénico temporal

Anhelo una lluvia de palabras saladas y densas, llenas de furia. “Temporal”, por ejemplo.

El temporal estalla cuando la ira de cielo y mar arrecian juntas, unidas.

El temporal es lo que deseo que caiga sobre esos gobiernos que se permiten decretar que el separatismo es ideal, o abrumar a los ciudadanos con sentimentalismos vacíos de razones.  Los líderes de esos gobiernos saben perfectamente que la política no es una ciencia exacta, sino un arte literario. Lo saben y por eso  manejan a la ciudadanía como a infantiles lectores, jugando a la idílica promesa de los días soleados, eternamente claros, que sus bonitas palabras han de traer.

En Galicia, la tierra-mar de donde vengo, los inviernos suelen vivirse entre temporales sobrecogedores. Produce pavor y asombro ver el rayo que parte el cielo y el agua de abajo que asciende hasta fundirse con la de arriba. Cielo y océano en uno. Uno no puede dejar de asombrarse y admirar esta ira revuelta de mar y cielo, esta furia que limpia el mundo y desemboca en días de verdad claros, en verdad fructíferos.

¡Temporal!

Quisiera yo un temporal cayendo, higiénico, sobre los gobiernos afectos  a la cursilería de las palabras siempre anticiclónicas.

¡Quisiera un temporal para el lenguaje  político! Un temporal que bote afuera lo que está oculto.

Acerca de Esclavitud Rodríguez Barcia

Periodista y escritora, autora de las novelas "Un rumor que no se va" y "Nunca más tu sombra junto a mi". Ha trabajado como consejera técnica en la Secretaría de Estado de Comunicación (España) y formó parte del equipo fundador de Inversor Ediciones. Redactora en prensa económica y creatividad publicitaria. Nació en Vigo en 1961. Es Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y Máster en Comunidades Europeas por la Escuela Diplomática de Madrid.
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