Manuel Marín y el relato de Europa

Yo ya tenía 25 años cuando España y Portugal entraron en Europa. Y siempre he guardado de los años previos a mi ciudadanía europea, tan ilusionantes, una imagen que es todo un relato: la de Manuel Marín durmiendo una siesta improvisada, a salto de negociación, en una silla de unas dependencias de Bruselas. Esa imagen es mía y de todos los españoles y portugueses. Y es histórica, por supuesto, pero para la gente de mi generación también es tremendamente emotiva. Porque resume nuestra lucha por incorporarnos al  Primer Mundo, al planeta de la gente próspera y educada.

Dicen los sociólogos que a Europa le falta un relato. Que Europa no cuenta bien para qué sirve, y que es eso lo que está incrementando las desafecciones. Creo que tienen razón. Y por  eso hoy me he puesto a escribir. Para recordarme a mí misma (y a todos los que estáis leyendo esto) qué representaba Europa para España, un país recién salido de una dictadura.  No se me ocurre mejor modo de hacerle un homenaje a ese Manolo Marín, siempre caballero elegante, que en los últimos años yo veía a veces pasear por mi barrio como uno más, como uno cualquiera de los millones de trabajadores que contribuimos a hacer de España la nación profundamente europea que es hoy.

Aquí os dejo lo que siento. En forma de poema porque, si sois habituales de este blog, ya sabéis que la poesía es a la comunicación lo que la linea recta a la geometría:

 Tierra prometida

Cuando quiero hablar de los que fuimos hace poco,

del anémico país que sostuvimos,

de las reconversiones navales,

de la industria obsoleta,

de los primos emigrados,

de la vacas y miserias,

huyen mis hijos.

No hay hueco en el presente para historias que ya fueron,

para largas narraciones de aquello que vivieron los abuelos.

Nada o poco sabrán los nietos de la historia de verdad.

Cómo explicar a los que huyen de la mesa,

a los que están en la edad de no mirar,

que el país en que vivimos fue hace nada,

solo atrás hasta sus padres,

un solar casi vacío.

Cómo explicar lo qué hicimos,

la promesa de riqueza cultivada

en carpetas de estudio tan sobadas,

en los folios que apretamos ella y él,

y posiblemente también tú,

los hijos de abajo,

los primeros de tantas familias en llegar

a la universidad, ¡a la libertad!

Cómo explicar la dureza del camino,

los desprecios que acechaban y el atisbo,

la promesa, el futuro, la Europa que nos guarda.

Pero aquí estamos,

asombrados de aquí estar,

reclamando de los hijos un minuto,

 queriendo explicar  que en cualquier caso sólo fuimos

mera sombra,

un reborde de grandeza que no es nuestra.

Europa es el cetro de otros reyes,

de aquellos que no saben ni de inglés ni de computers.

El futuro nos lo dieron ellos, los abuelos.

Ellos acometieron la hazaña:

resistieron la miseria,

atravesaron el abismo,

nos dejaron en la puerta

de Europa, nuestra casa.

 

 

Acerca de Esclavitud Rodríguez Barcia

Periodista y escritora, autora de las novelas "Un rumor que no se va" y "Nunca más tu sombra junto a mi". Ha trabajado como consejera técnica en la Secretaría de Estado de Comunicación (España) y formó parte del equipo fundador de Inversor Ediciones. Redactora en prensa económica y creatividad publicitaria. Nació en Vigo en 1961. Es Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y Máster en Comunidades Europeas por la Escuela Diplomática de Madrid.
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