Mi vida (y la tuya) es un poema

“La poesía viaja del misterio de uno al misterio de todos, y en ese encuentro gana su transparencia”

(Juan Gelman)

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   (Textos protegidos en el  Registro de la Propiedad Intelectual. No se autoriza la reproducción, ni citando la procedencia. Para cualquier duda o gestión, contactar con la autora)

 

HAIKU DEL AMOR QUE DURA

Cuando asome el invierno

te querré tanto

que me verás como fui.

MATRIMONIO

Despojada la casa de los hijos que se fueron,
por fin solos él y yo.
Por fin solos y en la boca un desconcierto:
“¿Eres tú quien yo creía?”
Pero ya no hay tiempo. Está aquí mismo el horizonte.
Al menos queda la alegría de haber llegado al mar
sin ahogarnos.

 VOLUNTAD

Hay días que atrancan el alma y desbordan

ríos represados, mareas vivas que de repente

se liberan y corren, caudalosas, arando surcos

donde la tierra dura se creía seca para siempre.

Pero puede que no sean tan malas las riadas.

Habrá que creer en los viejos dichos,

renovar la fe en el “no hay bien que por mal

no venga”.

A ver si aprovechando la humedad de mis ojos

se me aparece por fin

el arco-iris.

 

MALENTENDIDO

Los poetas no gimen. Solo se asombran.

Aunque también se asustan.

Sobre todo de la tontería

de tanto sabio.

 

ADVERTENCIAS

Muy adentro ya del mar,

habrá que estar atentos al gemido,

la bocina de los barcos que podrían mutuamente destrozarse,

alarmas que el agua expande y se hacen grito, faro,

caricia que te advierte “No me pises, compañero.

No me pises que aquí estoy”.

 

ORACIÓN TARDÍA

Se cuelan los fantasmas en las vidas que envejecen.

La chica de carne y hueso a la que un día envidiamos

la mano que dibuja,

la risueña arrogancia,

el bikini color de sol,

de pronto se nos convierte en humo,

una esquela en primer plano,

la cita que ya nunca será,

el dolor del café que quisimos proponer

y pospusimos, soñando siempre

que sería eterno lo exiguo,

el cicatero tiempo breve,

la juventud.

 

ELASTICIDADES SUSTANTIVAS

Eternidad, Amor, Belleza,
Felicidad en la Infancia,
Dios, y Etcétera, Etcétera.

 

HORÓSCOPO

Hay fragancia en las leves palabras ubicuas,
las que no dicen nada y lo anuncian todo,
cualquier cosa que confirme la esperanza
o desmienta la inminencia de la desgracia
que no, no llegará. Al menos no a bordo
del breve, amable parche que nos sana,
sana, culito de rana.

LECCIÓN DE ANATOMÍA

Mi corazón lleva décadas echando músculo.
Tiene pantorrillas de ciclista, tríceps de nadador
y los deltoides propios de quien soporta toda una vida
-más de quince mil amaneceres-
sobre las espaldas.
No pienso pedirle ahora que descanse, mucho menos
que se rinda.
Tirarse a dormir a la bartola nunca fue lo nuestro.

 

ÚLTIMOS CALORES

Él y ella se miraron como si aún fuera agosto.

A veces, en pleno otoño nos atraviesan fantasmas en llamas,

la sombra de lo que fueron

días de fuego.

 

LA FELICIDAD ES SIEMPRE UN IMPREVISTO

Descreo de los caminos rectos.
A medida que la edad me va doblando,
cada vez me doy más cuenta de que son las curvas
el alma de la vida, el nudo que da sustancia
al planteamiento y, sobre todo, al desenlace.

HUELLA

Una sola vez -una única vez- 
rozaron tus labios ese pómulo mío
que de vez en cuando aún se despereza 
y arde, como si fuera inagotable 
el deseo.

 

NO TE ENGAÑES

Las arrugas son la máscara, el antifaz que esconde quien soy.

Ni por un momento pienses que esa vieja que tú ves tiene algo que ver conmigo,
flor de veinte años que se abre sin reparo a las fatigas
de tu amor.

 

ELEGANCIAS NOCTURNAS

Se esconde el mar en las noches sin luna.

Qué discreto, el Gran Confesor.

Apenas el destello de un faro lejano acaricia leve

lo más oscuro,

el silencio del cofre que guarda

el tacto que tú no sientes,

los deseos abisales que escondo

bajo mis escamas.

 

EFECTOS SECUNDARIOS DEL SENTIDO COMÚN

Ya no suelo llevar nada en la cabeza.

De joven me gustaba envolver mi pelo con una diadema de tela.

Ahora no soportaría ni el peso de esa leve fruslería.

Bastante tengo con el insistente roce de las gafas

encima de los ojos que quieren ver

y no ven nada.

  

PERSPECTIVA

 

Sin darme cuenta, nado lejos,
demasiado mar adentro.
Apenas distingo ya la espuma
que ancla el mar a la orilla.
Sería fácil seguir nadando,
perder de vista la línea de arena
y árboles y casas que me indican
mi sitio, el origen y hogar exacto
de mis versos.
No estoy cansada. Si por mi fuera,
me quedaría sin aliento
con tal de palpar por fin el horizonte.
Soy fuerte, una guerrera de largas distancias.
Pero no es ese el reto. No lo es.
El desafío no es perderse, sino encontrar
la brújula, todos los Nortes.

 

LUNES AL SOL

 

Duele el hambre,

el hueco que el paro horada en el estómago.

Pero allá donde habita el ombligo

duele también, lo puedo jurar,

el otro dolor del que nadie se acuerda:

el de las manos vacías,

huérfanas de lo que fueron;

el de las manos que anhelan

dignidad, salario, un empleo.

 

VACACIONES

 

Deja que el viento del mar arrastre
la ceniza incrustada en tus pestañas.
Y después abandónate aún un poco más:
permite que la arena lave
tu tacto,
el sabor a hierro del invierno.

 

AMOR DE VERANO

Él besó sus labios llameantes
y ella acarició la mano que temblaba.
Propiciaba el calor de agosto 
un salto mortal,
intercambio de ADNs, 
para siempre contigo eternamente, 
oh mi amor.
Aún quedaban muy lejos las nieblas de septiembre
y sus agónicas rebajas de fin de temporada.

 

CORTEJO DE LOBO

Un lobo no enseña los dientes.
Esas son fantasías de cuento.
Un lobo primero te cerca y deja para después 
los aullidos.
No bajes la guardia si susurra que te ama.
Huye cuando le oigas alzar la voz reclamando
la luna,
su manjar,
ese ciego corazón tuyo estrangulado.

 

 MERCADILLOS

 Si no quieres nadar largas distancias,
no te distraigas conmigo. Vete
y chapotea donde puedas.
Las estadísticas confirman que no es el mar lo que ahoga,
sino las charcas, las piscinas, los dóciles pantanos.

YA ES VERANO

Cómprate una impoluta blusa blanca.

Y deja después que alguien te derrame en ella

el corazón.

 

HE MAKES AMERICA WILD AGAIN

Hubo una vez un increíble país menguante.

Desapareció bajo un diluvio de fascismo.

 

AUTO-CENSURA

Lo que me duele no es la flor ni el mar ni el sol que tanto nombro

y yo no tengo.

Ni siquiera me molestan los zapatos rojos que lucirás

cuando me vaya.

Lo que me duele no tiene nombre.

No se lo quiero dar,

no vaya a ser que sin querer

se me agigante.

 

MILONGA

Si no supiéramos lo que es

una milonga,

creeríamos al del tango que canta

que veinte años no es nada.

Pero ya no estamos en la edad de la inocencia.

Veinte años abarrotan cualquier alma.

Hay maletas que arrastramos

y no podemos vaciar.

 

EXILIO

Me cansa tanta mariposa errante.

Me cansa.

Me cansa.

Quiero arena.

Arena de color maíz,

sombreada del verde profundo

que promete algas, y no quimeras.

 

REFLEJO

Llevo a mis abuelas en el rostro.
Pero ahora que mi edad me las reúne en el espejo,
que es evidente que soy yo lo que ellas fueron,
me duele aquí dentro este silencio,
la indiferencia
de la niña que fui.

 

FEMINISMOS

Que sepan las jóvenes que “nostalgia” es eufemismo,

una palabra demasiado delicada para nombrar la rabia,

la desolación de no haber vivido las vidas que merecíamos.

 

GLORIA 

Adoro la belleza. Me hipnotizan ciertos rostros.
Ava. Marilyn. Paul Newman. Jude Law. Scarlett. Charo López.
Ellos son la hondura,
el inalcanzable tacto de un Dios que cincela facciones de barro y después elige
a quién ilumina.
Es la cicatriz de lo que somos lo que conmueve en los rostros de ellos,
los que en la mirada llevan
la inteligencia,
pero también la herida.

CALUMNIAS

La luz miente al caer sobre mi rostro.

No son míos esos surcos.

Se han aupado ahí sin mi permiso;

se labraron en mi ausencia.

No los reconozco.

Es calumnia la vejez.

¿De dónde sale este atropello?

Yo no firmé ningún contrato de caducidad,

ni mucho menos esperaba llevar en la frente

-y en mejillas, párpados y labios-

un absurdo código de barras que pretende negar

mi ternura,

el valor,

la belleza que aún me queda.

VIEJA

 Me deslizo inútil entre reinos que yo erigí.
Nadie solicita ya mi presteza, la habilidad de las manos
que acunan y consuelan, o se engarfian y agitan justicieras.
Nadie recuerda quien fui.
Hace tiempo ya que me hice vieja.
Vieja como la ropa vieja, que siempre estorba.
Vieja como los tiempos que huyeron al desván y allí se desvanecen
bajo la niebla.
Pero la niebla es frágil, materia alada, una ilusión.
La niebla no mata. Solo guarda el olvido,
la fugaz ausencia de ésta que aún soy.
Que sepas que cuando tus manos se hagan viejas también,
rebuscarán entre la niebla,
y entonces me pensaré, niña, si de verdad estás mereciendo
que te ofrezca las mías.

 

AZÚCAR AL FIN

 Dulce carbón cuando lo envuelve y nos lo trae

el dedo acusador de quien nos ama.

 

MUTIS

Recuerdo mi altivo silencio,

la sonrisa que me condujo a la salida.

Fui el dragón que cierra la boca

y se ahorra el fuego, elegante.

Pero ya ha pasado tanto tiempo que me voy a permitir

el grito,

el dolor,

el plomo que no te dejé ver

a ti,

el eterno campeón,

el de la lanza en ristre que estrenaba

princesa nueva,

reseteo,

te cambié porque eras mía.

 

LUNA DE SALDO

 

Barajo burlona la herrumbre gastada

de tus palabras viejas.

Qué me importa a mí el amor o el desamor,

el deshonor de acabar con quien dices que amas.

Qué me importa a mí lo que fue.

Aquí poderosa declaro:

¡guárdate tus mimos!

Adoro rotunda la roca, tierra, suelo,

el bendito apagón del cielo estrellado.

Aquí estoy, por fin en pie,

desechando el  brillo barato de esa luna

ornada de cráteres.

 

EL TESORO

 Podría escribir que la tarde de playa 
transcurrió entre dos nadas. 
(Tumbarse y nadar. Leer y mirar). 
Pero estaría mintiendo.
La verdad está en el oro que me entregaron las nubes,
la cresta de las olas, la niebla que hizo amago de presencia
y de pronto se esfumó en su traje de fantasma.

Podría escribir que es nada lo que hice.
(Sentir. Oler. Vivir).
Pero estaría estafando a quién me lee.
Me pasé la tarde pensando cómo explicar que hay un tesoro escondido ahí mismo, 
donde los críos gritan gozosos.

Cómo contar que ellos aún no lo saben, pero que la riqueza
ya la tienen.
Porque andando el tiempo,
rotas las amarras,
no necesitarán ningún mapa para encontrarse a sí mismos. 
Tendrán dentro el espejo del mar,
la bravura del agua que les enseñó
a revolverse y luchar.

 

NO SÉ QUÉ TIENE 

Me persigue el mar. Allá donde voy, viene conmigo.

Pienso en el mar tormentoso, si tengo miedo.
Y en el amable mar en calma, si me sonrío.

No sé qué tiene el mar,
que extraña red tendió para atraparme
y hacerme alga, pez, agua que echa en falta
el mar,
cuando no está.

 

FUERA DE FOCO

Dicen los míos que soy así:
una línea recta, previsible, simple como el café que bulle
en la mañana.

¿Sólo yo me veo los posos,
el turbio corazón que se desgarra?

Ellos me ven exacta, lejos del barro
que me arrasa.

¿Hay peor tortura que esta pulcra geometría
que reclaman?

Pero habrá que hacer como si nada.
Me ataré limpio el delantal.
Los polluelos aún viven en el nido.

 

FRAGOR

Yo te tuve allí,

al alcance de mi corazón,

y me quedé escuchando el tuyo.

Poco a poco, el fragor nos fue acunando.

Pero  olvidamos que el amor no tiene riendas,

que se desboca sin avisar,

que de nada sirven

la huida, el viento, los ruidos.

El mar no se disuelve.

El mar no calla nunca.

Estalló de nuevo hace apenas un instante,

cuando el azar te trajo a mí y dijiste mi nombre

serio,

sin saludos,

como si sólo levantaras la voz para llamarme.

 

Duele el fragor.

Duele como nunca cuando dejas en mis ojos tu tristeza

y me abrazas callando,

envuelto en la evidente cautela que al fin nos delata.

Pero llegará el tiempo en que de esta ternura asfixiada

nazca

un recuerdo amable y lejano,

un abrigo eterno para los días de hielo.

 

FANGO OSCURO ENTRE LAS ALGAS

 

¿Acaso no gime violento el mar,

desmelenado en la tormenta?

¿Cómo quieres que me contenga  yo

si soy agua, fango oscuro entre las algas,

el viento despeinado que nunca se apacigua,

remolino que quisiera paz,

tu amor,

la honda caricia que no llega?

 

RUMOR

 

Es el mar como el  amor:

un rumor que te acompaña,

un rumor que no se va,

imposible de acallar.

Puedes darle la espalda,

aturdir un rato tus oídos,

atender otros compases.

Puedes huir, saltar, gritar

trepar

hacia la cálida duna que te llama.

Puedes dejar que te abriguen otros brazos,

el corazón que te es ajeno.

Puedes encaramarte a lo más alto

y gozar al fin de lo que un día te fue extraño,

pero aun allí, en la cresta de la tierra,

dulcemente abrigada,

tendrás que rendirte a la evidencia:

es el mar, como el amor,

un rumor que no se va,

imposible de acallar.

 

MIGRANTE

 

Camino desconocida entre calles

que me saben de memoria.

Me han visto pasar mil veces:

paseando a mis bebés,

calmando travesuras,

discutiendo adolescencias.

 

Camino desconocida entre calles

que me han visto envejecer.

Y sin embargo no son mías.

Me muerde poderosa la nostalgia

de mi clan, de la vida

que no tuve,

de las calles conocidas,

las que abrigan a los míos:

hermanos, primos, los viejos amigos. Familia.

 

Sé que no puedo desandar,

que no es posible caminar hacia atrás,

hacia las calles mías.

Sólo puedo

de cuando en cuando

encaminarme hacia allá,

donde la arena que guardó mi ausencia

me crea entera en mi visita,

otra vez niña, tan joven. Fugitiva.

 

DISTANCIA

Oigo a la vida galopar,

lejana.

La oigo hablar con los otros,

burlarse a ratos

de la mujer que la persigue.

Oigo a la vida susurrar

que yo ya no soy yo,

que me perdí.

  

ESPERANZA

Uno puede vivir asomado hacia fuera,

y así ir bebiendo

la luz que llega hasta los ojos.

Uno puede pensar en sangrar para siempre

y aun así caminar derecho,

conforme en el dolor que le sostiene.

De tanto vivir hacia fuera, quizá el día penetre

muy dentro.

 

MATEMÁTICAS DE CENICIENTA

 

Hay que trabajar, hay que limpiar,

hay que mirarle las muelas a ese niño,

vigilar si el pelo se enreda en los piojos

o si hay leche, fruta fresca, besos que alejen

la sombra fría

que aquí no entra.

Afanada en lo siempre necesario,

perdí la cuenta,

blindé mi boca.

Pero ya se hicieron los “hay que”.

Ya caminan firmes los que un día fueron niños.

Y ahora soy yo la que flota,

perdida

en los deberes de amor sin resolver,

en la ecuación que aún me intriga,

incapaz de decidir si será suficiente

mi fe.

 

 CORTEJO DE MINISTROS

 

Busco otra vez la foto,

la del ministro y la ministra,

los dos que pelan la pava,

los dos detrás de la gran mesa,

un descanso en la gran cita.

Sentados, se miran de soslayo.

Le vemos a él, adelantando el pecho;

la vemos a ella, inclinando la cara,

desplegando el abanico.

Busco otra vez la foto,

y  me fastidia no encontrarla.

Pero da igual.

Tú la recuerdas, seguro.

Imposible olvidar el entendimiento mutuo,

la absoluta entente entre naciones,

él y ella

disolviendo fronteras.

La foto la tomaron durante el refrigerio

de no sé qué cumbre

de esas bienales,

ibero-americanas.

Comprenderás que yo, como tú,

ya olvidé la cumbre,

los textos manoseados,

los acuerdos ninguneados.

Yo, como tú,

sólo me acuerdo de la entente romántica

de él y de ella,

escoradas sus sillas al centro,

allí donde todos sentimos

la gravitación inevitable.

Supongo que dirían que la cumbre quedó en nada,

¡pero qué tontería!

Porque en conclusión,

en eterna e inapelable conclusión,

aquí siguen

en mis ojos y en los tuyos

él y ella,

el ministro y la ministra,

conmovidos y eternos,

pelando la pava.

 

ABRAZO

 

Un latido antiguo me trae la ternura

de aquel amor que no tuvimos.

Parece mentira que aún abrigue

lo que tanto tiempo fue silencio.

Admito que quedamos en negar lo que nunca llegó a ser.

Pero aun así me pregunto

si también tú te abrazas

alguna vez

al terco recuerdo, la suave coraza,

el dulce dolor del amor

que no fue.

 

AMOR

Si todo fuera tan sencillo como el sexo,

no habría pérdida.

Nada hay de complicado en dos labios que se juntan,

dos carnes que intercambian.

Lo grave es el anhelo,

el pozo sin fondo,

la rueda que gira.

Ya no te quiero y me habitas.

No te oigo y me ensordeces.

 

EXILIOS

Mi barrio tiene destellos de rico,

orgullos de pobre.

La piel ajada de la vieja dama

y el fresco Caribe

se enlazan  del brazo.

Comienza el relato de la vida asentada, casi en

final.

Principia el relato de la vida difícil, la que aquí migra, sacrificio

adelante.

Pero a veces la amistad es fiesta triste.

Quizá la piel ajada de la vieja dama termine en la noche

el relato cierto,

la historia que incluye resentimiento, el dolor de quien depende

y no quiere.

Quizá el Caribe no sienta el calor y en la noche,

en las confidencias verdaderas de la almohada,

deje crecer la mala hierba, el rencor de quien depende

y no quiere.

Mi barrio, valiente.

 

NOSOTRAS

 

Cuando mis hijas se calzan tacones

y caminan elegantes,

pienso en mi abuela.

También ella fue torre esbelta,

hermosos los brazos que oscilan,

puro equilibrio.

 

Cuando la senda era estrecha,

cuando el mundo cabía aún entre el maíz y el mar,

mi abuela desfilaba de puntillas,

calibrando el paso,

un enorme peso en la cabeza.

El truco era simple:

aquel trapo enrollado en lo alto

y el bellísimo gesto

(puro chic, gran glamour)

de alzar los brazos y aupar el cesto.

Un impulso

y arriba reposan ya

patatas, sardinas, manzanas

el mundo entero de la jornada.

 

Qué lección de clase,

qué saber estar,

llevar las viandas en vertical,

con la mirada fija en el frente, sabe Dios lo que vendrá

y la nieta de la mano,

admirando el porte de la torre esbelta,

adivinando

lo que la abuela tiene,

lo que habrá que tener

andando el tiempo,

perdida la infancia.

Pero he cumplido.

Bien lo sabe, la mujer de la cesta.

Camina ella en los tacones de mis hijas,

elegante como siempre

feroz

sosteniendo el mundo,

puro derroche de glamour al caminar.

 

AL DIABLO

Nada es derrota si se olvida,

si se cuela donde habita la risa.

Muera el moho de los tristes.

¡Qué estornude el diablo!

Yo me voy al mar con mis ángeles,

vestidos de blanco.

 

SUPERVIVIENTES

Pasan los años y aún mimo tu risa,

el eco de tu voz.

Pasa el tiempo y no te roba.

¡Qué larga resistencia, esta ternura!

Pasa la vida y sé que añoras,

como yo,

la palabra que me hurtaste,

el amor que en mí quedó.

 

 

TU PRESENCIA

 Levanto la mano hacia mi pelo

y lo ahueco un poco, contigo dentro.

En la sonrisa que esbozo distraída en el semáforo

también te tengo.

Adivina a quién me agarro siempre en la tormenta.

Por más camino que recorra en mi infierno de pequeños quehaceres,

por más run-rún que haya en la cabeza que atiende atenta a su trabajo,

por más que haga,

no te vas.

Yo vivo dentro y fuera de quien soy,

tendiendo mis sentidos a todo lo que salta o me requiere,

pero aún así,

créeme,

no te pierdo.

Estás aquí, siempre aquí,

en el tacto de esta mano que aquel día deseaste.

En el tacto de esta mano que aún hoy, tan de mañana,

de repente acariciaste.

 

PRIMAVERA

 

Hubo un tiempo en que el triscar de las ramas

el sol amable, los días que se abren,

estallaban en mí como la cereza fresca

que hoy me llevo a la boca, indiferente.

Ahora se me escapa el comienzo. Y duele.

Trato de escuchar la música en el aire,

de mirar el sol y los días abiertos

y me hago la promesa de forzar lo que hay,

de ser capaz otra vez de traer hacia mi

lo que fue lo más dulce,

la caricia que me hacia huir del pupitre hacia la playa.

Quiero ese brote de fuera, plantado hacia dentro.

 

Storytelling

¿Qué sería de mi o de ti sin la mentira?

La mentira piadosa

que te hace encajar en la seda de ese guante

que te tienden.

 

Bendice bien a gusto

la mentira que te dices a ti mismo.

Bendícela si te lleva a vislumbrar un horizonte rojo,

en resplandor,

allí donde no hay nada

si no es otra piedad encendida,

una historia que se ajusta como un guante,

pura seda,

a lo que un día ya lejano deseaste.

 

 

ROSA PERENNE

 

Quizá la vida sea en su resumen sólo esa rosa que aferramos

por un tiempo.

A ella volvemos una y otra vez, y eso basta.

Sería pedir demasiado que la luz durara siempre,

o que el mar se hiciera eterno en el azul de un día claro.

 

Pongo yo entre mis labios la paz que es mía, y quizá tuya,

si tú sientes también el digno orgullo de saber

que alguien te entregó tu rosa

aquella vez.

 

AL OIDO

Cuando quieras quererme a lo grande

ahorra con rabia las frases rotundas.

Esconde, por favor, las mariposas,

la absurda necedad de nombrar

lo que aquí tengo, entre los dedos.

 

Cuando quieras quererme a lo grande,

no te exaltes, no te quemes, no exageres.

Quiéreme al oído, con el silencio denso

que me llega dentro,

allá dónde sé que sólo los tristes preguntan.

 

LLUEVE

Un domingo de lluvia empapa el alma.

Llega el agua a lo más hondo.

 

Un domingo de lluvia te hace viejo.

Saca cuentas, pide el saldo y te presenta

la factura, el sueño roto,

ese diente tan mellado en tu sonrisa siempre coja.

 

Hace falta voluntad, un feroz deseo de victoria,

para acordarse del domingo que hubo, aquella vez,

cuando el cielo bendecía la inocencia.

 

PRÉSTAMO

I miss you.

Me acojo al préstamo.

Acuno las palabras ajenas, musitando.

Las digo bajito,

disfrazadas del torpe disimulo,

del bisbiseo secreto de esta gata ansiosa,

la misma que clama que no quiere nada.

 

I miss you.

La lengua prestada llena de seda el vacío,

se acopla silbante al filo de mi cuerpo.

 

I miss you.

Sílabas que vuelan en un mohín breve,

lejos de  la rotunda hondura

del verbo mío, el que no digo.

 

I miss you.

Un suave leve raso me ahorra el terror.

Para echarte de menos sólo admito el soplo fugaz,

el aire leve que se escapa de mis labios si musito:

I miss youI miss you so much, amor.

 

CONTRA EL CIELO

 

Eres el estorbo perpetuo,

el perseguidor implacable,

la sombra omnipresente que convierte en ceniza

la alegría entera de otros días.

 

Piso las hojas de este otoño

y al admirar su color,

su grácil caída,

sé que miento,

que sólo pienso en la belleza de tus manos

aleteando contra el cielo

aquel día de luz.

 

LA MANO DE UN HOMBRE

Mataría por recuperar el viejo gesto.

La mano de un hombre abriendo la puerta,

corriendo delicada del pomo a la osadía

de posarse invitadora en mi cintura.

 

Mataría por saber si es verdad que hubo amor

en la mano de ese hombre,

el que llevó su osadía más allá del abrazo

y mi estupidez.

 

CARICIA

Cuando el tiempo se da la vuelta

y te encuentro de nuevo, estremecido,

bendigo el tortuoso camino que nos lleva.

 

Un leve roce,

como si no fueras tú quien me tortura,

y vuelvo a verte desprendido de las sombras,

como fuiste.

 

Se agradece esta caricia

del tiempo que se arruga,

que se encoge alborozado y nos devuelve

un atisbo,

la esperanza que fuimos

tú y yo,

la juventud.

 

 

QUÉ EXTRAÑO

 

Asombran las ausencias de la playa de invierno.

¿Dónde se guardan la risa, el juego,

el calor que hubo en la arena mojada?

Asombra el invierno en la playa con la misma extrañeza

con la que caen los años y un día,

uno cualquiera,

un rayo de sol atraviesa el espejo y descubre

la mancha,

el cansancio,

la piel arrugada.

Asombra el invierno en la playa con la misma extrañeza

con la que oyes latir ese corazón tuyo que grita

tan joven,

infatigable.

 

 

NO PUEDEN TRAER LO IMPOSIBLE

Los poemas de amor

son un saco sin fondo,

un pozo que no sacia.

 

Lo que otros escribieron no nos da

lo imposible:

el tacto,

el hueco exacto de la mano que echamos en falta.

Unánimes somos en lo que quema o tanto mata.

Apreciamos por tanto la intención de las palabras

cuando inútiles nombran

por qué me faltas,

qué no tengo entre mis manos.

Pero no es eso lo que busco.

Yo no quiero el enunciado,

sino el nido,

tu mirada que se apoya íntima en la mía,

el corazón que hurtas a ésta que soy yo,

la que te llama.

 

TE LLEVÓ EL TIEMPO

 

La vida esparce quehaceres,

pacientes y tercos invasores

que enladrillan la ausencia,

arrinconando la nostalgia.

 

Cuando el amor no duele,

se acabó.

 

DESEO

Ya nadie puede entregarte la luna cuando creces.

Perdida la inocencia,

queda sin embargo el anhelo,

la fe que no muere.

 

Aún tengo sed de lo que nunca he tenido.

Espero al galán o la estrella que me acune en la noche.

Aguardo.

Quiero ver mi estela allá, donde quema el cielo.

 

 

LARGA DISTANCIA

 

Hacía mucho tiempo que no volvía a la estación.

Se me había olvidado la larga distancia de mis sueños.

Sospecho que vendría bien volver de vez en cuando,

aunque sólo fuera para precisar si es llegando en lo que estamos.

 

Podría proclamar que mis maletas son mejores y son más,

escandalosamente muchas más, que las que traje hasta aquí, tan joven.

Pero también podría susurrar que mi único deseo es volver

a encontrarme en la estación, tan joven.

 

No soy yo ésta que está.

Me perdí no se dónde, en una rendición sin condiciones.

Mis maletas son lustrosas y grandes,

dan fe de lo que guardan.

Es mi rostro el que vuelve roto aquí,

a la estación donde llegó, tan joven.

 

HISTORIAS

 

Hay una historia hermosa que nunca contamos:

la del agua subterránea que nos sacia.

Hay palabras condenadas,

secretos que abrazamos

a escondidas.

 

Hay historias milagrosas:

esas que tú ya sabes,

esas que no se cuentan pero matan

la tristeza,

el desamor,

la penuria de los vivos.

 

NIDO

El hueco de tu brazo.

Es la única patria que deseo,

el único himno que me llama.

Dejarse caer rendida, y nada más.

 

Sobran la prisa y el bullicio,

el adorno y los caminos.

Basta la senda que me lleva

hasta tu nido.

Descansar por fin, y nada más.

 

UNA GOTA, OTRA MÁS

Nunca quise ser la alta roca que otea el horizonte.

¿Para qué su majestad, su firme marcialidad?

Yo no quiero apabullar, sino sentir..

Mírame a mí como navego y me zambullo y zarandean.

Soy Nada, Semejante, la gota  igual

a otras iguales.

Soy el agitado mar que vence

poco a poco

la pétrea majestad de la reina solitaria.

 

CLARIDAD

 

La casa en orden atenúa la tristeza.

Cuando la vida me mata,

empuño la escoba,

vacío cajones,

convierto el pasado en vertedero.

Trepo a la ventana,

invento otro horizonte,

ordeno el paso de la luz y el aire fresco.

Llega la limpieza. Y la claridad que quiero.

 

Cuando el alma se apolilla,

me obligo a ventilar el cuerpo.

El porte y el atuendo, en vertical.

La raya luminosa alzando el párpado.

La camisa, clara.

Y busco en el espejo la alegría,

que también navega de fuera hacia dentro.

 

RETORNO

 

Emigro cuando el cielo clama que es verano.

Entonces me detengo.

Dejo mis cuentos.

Abandono este Madrid tan afilado,

y vuelvo a la arena de mi ría,

donde yo soy  yo y jamás me pierdo.

Me enredo en la caricia del viento,

en el mar que me envuelve.

Sentada en la orilla, descanso. Olvido. O quizá sea al contrario.

Quizá recuerdo.

Lo recuerdo todo y trabajo.

Trabajo intensamente, sin lápiz ni teclado.

Junto al mar en que nací

disfruto del aire que me limpia,

de la paz de estas manos que agradecen

no luchar contra las teclas

sino el placer de cuidar

a quien me cuidó.

 

CHAMÁN

Quiero ser chamán junto al fuego,
contadora de los cuentos viejos
que nos hacen pájaro, risa, cosa frágil.

Quiero ser chaman, pero no llego ni a socia
del club más modesto.

¡Cómo ser chamán si ni siquiera me siento en el corro!

Soy la niña rara que tropieza en la raíz
y se esconde torpe en el arbusto.
Soy la que nadie llama cuando la noche se enciende
y la tribu se acerca entre risas al fuego que brama.

¿Cómo ser chamán si soy
la joven que anda encogida,
la mujer que vive agazapada?

Pero cierro los ojos. Sueño.
Cultivo la esperanza.
A nadie daño si escribo y pretendo
ser yo por fin la hechicera,
la voz de ese corro que rehúyo
y aun así me abre los brazos.

 

EL ÚLTIMO VERANO

Este junio es el final. El verano se esfumó.
Ya no habrá más espejismos de belleza.
Pero aun así me busco y veo
el valor que anida en mi hombro firme, mis piernas fuertes,
y más aún en el hueco de estas manos diligentes, tan veloces.
Qué me importa a mí la ruina de mi vientre.
¡Ése ya cumplió!
Más me vale sortear los escombros
y acudir presumida a mi espalda,
la que de tanto pelear se ha hecho piedra,
roquedal, irredento acantilado en pie de guerra.

No habrá derrota en este otoño.
Retendré victoriosa la luz que aún veo en mi pupila.
Aquí donde soy se detendrá la caída.
Para llegar espléndida al invierno bastará la vanidad.

 

EXTRAÑO

Pensé que esta extrañeza de uno mismo
se curaría con el tiempo, la alegría o las pedradas
que poco a poco aprendes a encajar.
Pero pensarse es cosa de jóvenes, de criaturas que aún creen dominar el horizonte.
Ahora que ya recojo velas,
asumo que será quimera cualquier cosa.
Sólo tengo la energía de estos dedos que teclean y dan fe
del misterio que no entiendo.

 

DECISIÓN

 

Me cansé de aguardar el tiempo antiguo.

Lo que fue no volverá.

Así que te devuelvo lo que es tuyo:

promesas, protestas, la pertinencia

de tus reconvenciones.

Sé que me voy. Será verdad que me iré.

En voz baja, muy ligera de equipaje,

tan joven como antes.

Te dejo a ti los escombros,

la alambrada, esas púas

que ya no me desgarran.

AVISO

“Se ruega saludo al entrar”.
Leo asombrada el cartel
en el cristal de la tiendita.

“Se ruega saludo al entrar”
es una bala certera,
un obús que estalla en plena cara
y te deja boquiabierta,
dispuesta  a no olvidar
la sonrisa, el “buenos días”,
la anticuada cortesía.

No hay altanera que aquí se atreva a entrar.
Qué exquisito filtro este rogar
¡un simple saludo al entrar!

 

VENENO

La tristeza es una víbora voraz.

No te asomes nunca ni a dos pasos de ella.

Hay brea en sus garras. Yo lo he visto.

 

 

 

DESEO DE BEST-SELLER

Sé que hay belleza en lo que escribo.
No porque mis palabras brillen como gemas,
sino porque son simples y no llevan estampados.

Sé que hay verdad en lo que cuento
y late fuerte lo que digo.

Sé que soy poeta, novelista,
escritora más que escribidora.

Sé que tengo voz y la comparto.
Pero eso no me trae
las librerías,
la oficialidad del oficio que yo sé que tengo
y no me otorgan.

 

 SUSPENSE

 

“Amistad o lo que surja…”
Cuánto cuento en los puntos suspensivos.
Dicen los lingüistas que solo apuntan
duda, temor, vacilación.
Pero los comunes mortales los entendemos mejor.
Sabemos que esos puntos gritan
tu deseo, mi esperanza,
el anhelo de un rayo

aunque nos parta.

 

ALDEANA DEL XXI

 La anónima multitud de las Redes

me busca raza, nación, religión.

Quiere saber quién soy,

de dónde vengo,

a qué Otros me adscribo.

“¿Y tú de quién eres?”, inquiere

buscando credenciales, filiaciones y endogamias.

Parezco yo mi abuela,

la chica que dejó su aldea

y al llegar a la ciudad

tropezó con nuevas, sutiles  fronteras.

 

EL SUR

Camino al Sur dicen que están las alegrías.

Camino al Sur, donde el calor.

Solo que el Sur no está en ninguna parte,

o se esconde más bien en todas partes.

El Sur viene detrás de nuestras huellas.

Pero de eso no nos enteramos

cuando caminamos.

El camino al sur solo lo saben

los muy niños. O nuestros viejos.

 

GUAPOS DE LIBRO

 

Corre por ahí el tópico de que es fea la inteligencia.

Cuesta creer que los hermosos

guarden dentro una lumbrera.

Me pregunto qué jeta tendrá quién defiende

esa idea tan mugrienta,

mil veces fea.

 

PLANES DE VERANO

 

¿A dónde va a parar la vida que no se vivió?

Somos una cosa distinta a esta piel nuestra que apenas nos contiene.

Me urge salir de lo que parece que soy.

La prudencia es mortal a cierta edad.

Demasiadas vidas que eran mías he perdido ya.

 

REUNIÓN

Acudo a la plaza para sentirme en los otros,
allí donde el pelo se peina y la soledad a coro te pide
rímel, labios pintados, la camisa clara
y un corazón abriéndose.

 

DIFERENCIAS CURRICULARES

 Si ella alaba el amor, es una cursi.

Si él tiene antojos románticos,

¡viva el hombre sin complejos,

Superman versión moderna!

Y no digamos ya si la que alaba el amor escribe novelas

y el de los antojos pasteleros cuatro cuartos de lo mismo.

Entonces, ¡ojo!, él será escritor y ella, pobrecilla,

una ilusa bonita, a buen seguro bobita.

 

SÍSIFA

Las mujeres somos Sísifo,

eternas condenadas a rodar la piedra hasta lo alto,

sin descanso, una y otra vez, generación tras generación.

 

ISLAS CÍES

Imponentes,

guardan la noche las islas de mi Ría.

Imposible  no inclinarse ante el altar.

Pobre del que mirando el horizonte ose

sentirse grande,

imponente él también.

Las altivas montañas nos vigilan

y en silencio susurran el secreto terror

de algunos niños, de todos los viejos:

que somos gotas,

solo gotas,

apenas un rastro en la arena,

fugaces eslabones entre quienes se fueron

y los que vendrán.

 

RAYOS DE BUENA UVA

Se me llena la cabeza de algas cuando me entrego al sol
y no pienso.
Me crece el verdor por dentro.
Tumbada en la arena de la playa que me mima
me saboreo a mí misma,
detenida por fin en la paz de lo que soy
yo sola,
sin maletas, maquillaje, ni perro que me alabe.

FINAL DEL CURRÍCULO

No me extraña que la Tierra sea redonda.
Redonda y circular como las vidas nuestras,
Nada más esférico que el anciano volviendo a la niñez,
desaprendiendo a ser lo que ya fue.
Menuda bromita nos gastan los Dios, los Alás y los Yahvés.
Qué narices íbamos de jóvenes a saber
de este absurdo de ser
el papá de tu papá,
la mamá de tu mamá.
No salgo del asombro de sentir que yo soy ahora la madre
de mi madre,
la que le ayuda a no olvidar
los nombres,
el mundo que ella me enseñó a nombrar
a mí.

 

BROTES VERDES

Los días de lluvia tengo la cabeza en flor.
Me gusta arrebatar trocitos a las plantas
y ponerlas a fructificar por dónde cuadre:
una esquina fea del jardín,
el tarro viejo de aceitunas deshuesadas,
la maceta medio rota que la terca ancianita que es mi madre
hace ya tres siglos que se empeña en indultar.
No es que necesite yo más verde.
Voraz de sobra anda la tierra, ¡y no te cuento mis neuronas!
(Confieso aquí que ya se me ha pasado la edad de las hormonas).
Creo más bien que lo que hago es apostar,
jugar,
perseverar en mi eterna militancia en la fe del optimista.
Alguien me dijo alguna vez que el cielo que amenaza agua
bendice la fe del jardinero. Y por supuesto, por qué no,
yo voy y me lo creo.
Me gusta emborracharme de lo dulce. No lo puedo evitar.
Si luego no hay bote ni pedrea ni una x de quiniela,
tiempo habrá para echarle la culpa
al perro travieso, al sol que anda roñoso y no se airea,
o al idiota descreído que fue mi novio y ahora se empeña
en ser solo  y nada más que mi marido.

 

EL TRAJE

Mi madre tuvo una vez un vestido color rosa feliz,
salpicadito de lunares.
Veinte años lo llevó encima, con chaquetilla a juego.
Era su uniforme de trabajo cuando el verano empezaba.
Le sentaba como un guante aquel vestido tan lindo.
Pero nada es eterno. Ni siquiera el rosa irredento.
Yo no sé cuándo ni dónde perdió mi madre la falda plisada,
el cinturón finito y el escote en pico
del vestido aquel.
Sólo sé que no lo encuentro.
Me pregunta por él y yo no sé cómo explicarle
que se gastó,
que ya no es de ella el traje que reclama,
los lunares que la adornaban,
el tiempo de ir al trabajo
juvenil a toda vela.

 

VIAJE

La muchacha que fui
se va a la playa de viaje.
En la toalla un libro,
y en el libro la evasión,
un billete para Venus.

Sueña mucho la muchacha que fui.
Sueña siempre.
Es su forma de llegar a alguna parte y olvidar
las palabras que se fueron,
los versos del poema que aun trata de alcanzar.

 

CONSUELO

El verano se me llenó de mariposas blancas.

Se posaban al sol sobre las flores de mi casa.

Y entonces yo la saludaba a ella, la recién finada.

Pero que conste que a mi tía Chelo nunca le gustó

que la llamáramos

Consuelo.

 

SOS

Seguiré ascendiendo a las alturas.

Tan arriba en las estrellas quizá me estrelle.

Pero ya no sé vivir sin encaramarme a lo más alto

susurrando esto que lees,

diciéndote al oído lo que poco a poco

voy sabiendo.

 

         

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